Rumores y Desinformación
Asunción, Paraguay, Miércoles 04 de Julio de 2007
ULTIMA PARTE DE LA ENTREVISTA AL GRAL. SAMANIEGO (VI)
La pista del Chaco fue construida exclusivamente por los paraguayos
La pista de aviación construida en el Chaco paraguayo fue motivo de polémicas y suspicacias a nivel nacional e internacional. Incluso se creyó que la República Federativa del Brasil la usaba a discreción para la penetración inmisericorde en la Región Occidental (Chaco Boreal), que paulatinamente está siendo devastada por los “rapai” en su biodiversidad, como ya aconteció en la Región Oriental.
Por otro lado, se especuló que los americanos ejecutaron la obra para instalar una base de operaciones furtivas con miras al espionaje e inteligencia. El temor hacia la CIA y la DEA –que no respetan soberanías ni culturas– generó una serie de comentarios referidos a la autodeterminación e independencia del Paraguay, una verdadera isla sin mar en el mundo.
Conozcamos algunos detalles de esa construcción, vertidos por el comandante del Chaco en ese momento, general Adolfo Samaniego, quien acompañó con todos los medios a su alcance la consumación de una “pista propia” para el Chaco paraguayo.
–¿Qué protagonismo tuvo usted en el proyecto “pista del Chaco” instalada en Mariscal Estigarribia?
–Desde enero de 1977 hasta septiembre de 1981 ejercí el cargo de comandante de la sexta División de Infantería con asiento en Mariscal, territorio militar del Chaco paraguayo. En ese lapso, cumpliendo las órdenes del comando en jefe, prestamos servicios de apoyo logístico para la construcción de una pista de concreto en ese lugar.
–¿Cuáles fueron las razones que impulsaron la construcción de esa pista aérea?
–Al presidente Stroessner le preocupaban la incomunicación del Chaco Central y la necesidad de su integración con el resto del país. En ocasiones le escuché referirse a la ruta Transchaco y sobre una “moderna pista” de aterrizaje. En tal sentido, me consta que, al conocer el interés menonita por un empalme ferroviario entre sus colonias del Chaco Central y Puerto Casado, dispuso el inicio de la ruta –hoy conocida por todos– que, así, se inició a puro pulmón.
–¿Fue considerado el factor geopolítico para impulsar esta obra?
–Por supuesto que sí, el mundo vivía bajo el manto de la ‘guerra fría’, y en ese contexto, la ubicación estratégica de nuestro país en el centro de la región sudamericana daba lugar para pensar que los estadounidenses debían considerar la utilidad de un establecimiento como centro de conexiones con los demás países de la región y, eventualmente, contrarrestar los propósitos soviéticos (doctrina comunista) para establecer enclaves en esta parte del mundo. No olvidemos que después de la Segunda Guerra Mundial los EE. UU. se convirtieron en la potencia hegemónica del “mundo libre” y de marcada tendencia capitalista.
–¿Por qué los norteamericanos confiarían en los gobiernos paraguayos para llevar adelante un proyecto de esta naturaleza, si durante la Segunda Guerra Mundial nuestra política había sido errática y ambigua?
–Desde la posguerra del Chaco se manejó en las esferas políticas, militares y gubernamentales del país el posible triunfo alemán en la Guerra Mundial, lo que produjo la ambigüedad paraguaya en su política internacional. En el ámbito castrense, altos jefes militares llegaron incluso a integrar un grupo inclinado hacia los nazis, al cual se denominó ‘frente de guerra’, entre los que se encontraban el comandante de la Caballería Victoriano Benítez Vera (1907-1988), el jefe de Estado Mayor de Infantería Bernardo Aranda, el comandante de Concepción, general de Infantería Heriberto Florentín (1909-2004), y el comandante de la aeronáutica Pablo Stagni (1908-2003), impidiendo a los norteamericanos plantear concretamente la construcción de una pista de aviación con fines de ‘inteligencia’. Por eso, la construcción de esa aeropista fue una realización absolutamente paraguaya, respondiendo a los intereses exclusivamente paraguayos.
–En el país del Norte se sostiene “oficialmente” que la DEA “lucha” en el mundo contra el narcotráfico destinado a los EE. UU. Si fuese así, esa pista podría estar siendo utilizada para tal finalidad. Mientras usted fue comandante, ¿notó algo al respecto?
–Desde las últimas décadas del siglo anterior, el problema del narcotráfico afecta a todos los países latinoamericanos que se ven involucrados por su excelente materia prima y su articulada distribución a todas partes del mundo. Al Paraguay se le considera hoy como una “zona de tránsito” de estupefacientes producidos por sus vecinos sudamericanos. En la actualidad, la política del Gobierno paraguayo es la de colaborar en la lucha contra este terrible flagelo. Entiendo que, mediante acuerdos específicos entre el Paraguay y los EE. UU., la DEA tiene licencia para operar desde el Paraguay. Por ende, nuestro país constituye un ámbito estratégico en la lucha internacional contra la producción, comercialización y consumo de drogas, letal destructor de los seres humanos.
–Volviendo al tema específico de la construcción de la aeropista, ¿qué aportaron los norteamericanos para que la pista fuese posible?
–Nada... Al parecer existía un interés norteamericano en la construcción de una pista aérea en el Chaco, pero desde la posición nazi existente en algunos círculos (gubernativos y militares) tenían persuadido al presidente Higinio Morínigo para no dar curso a un eventual pedido estadounidense de ese tipo. Después de la Segunda Guerra Mundial, ellos retomaron su interés de contar en el Paraguay con una “base de operaciones” que apoyara a la lucha contra el narcotráfico.
–Pero ellos concedieron al Paraguay un empréstito para la realización de la Ruta Transchaco.
–Sí. Cuando la construcción de la Transchaco fue apoyada por los avales norteamericanos, se pensó también realizar la pista con financiamiento de ellos, pero al no concretarse esa alternativa, nuestro Gobierno decidió llevar adelante la construcción de la pista por medio de las Fuerzas Armadas, como el Comando de Ingeniería y otras unidades. En este punto se debe considerar un hecho alentador: gracias a un acuerdo oficial, el combustible utilizado en los trabajos pudo obtenerse de Bolivia a mitad de precio.
–¿Cómo nació la idea para llevar adelante el proyecto de esa pista aérea?
–Desconozco muchos detalles, pero sé que el tema era tratado y resuelto en reuniones de Coordinación Económica presididas por el Poder Ejecutivo. El Comando de Ingeniería proveyó los servicios profesionales de ingenieros, técnicos especializados, piedras brutas y trituradas, maquinarias diversas y otros equipos. El Comanchaco a mi cargo suministró diferentes manos de obra, agua, transporte y otras necesidades. Varios entes estatales abastecieron con cemento de Pórtland, varillas de hierro y otros insumos para la concreción de la obra. La parte financiera fue contemplada en el presupuesto general de la nación a través del Ministerio de Hacienda. En síntesis, esa pista de hormigón puro se materializó al mínimo costo, sin préstamos internacionales de ninguna clase.
–¿Qué utilidad se daría a esa pista una vez concluida?
–En la época en que se decidió su construcción, el Chaco se vislumbraba como una región de promisoria expansión económica que necesitaba nuevas vías de comunicación, lo cual fue confirmado a través del tiempo. Se pensaba que, mediante una pista de aviación de todo tiempo, los productores, ganaderos, etc., podían intensificar el volumen productivo con miras a optar por una exportación vía Pacífico. De esa manera se aliviarían los problemas que la mediterraneidad nos acarrea. Hoy, la Dinac (Dirección Nacional de Aeropuertos Civiles) administra esa pista y vela por su normal funcionamiento. Sin ningún tipo de inconvenientes, su utilización se incrementa por parte de los ganaderos de la zona, comerciantes, turistas o simples pasajeros del estamento público y privado.
–Quiere decir que esa pista va camino a convertirse en un aeropuerto internacional.
–Por supuesto que sí. Esa pista reúne todas las condiciones para ser utilizada como punto de vuelo alternativo o de auxilio. En aquel momento fue incluso equipada con radar. Su habilitación como “aeropuerto internacional” será auspiciosa para el desarrollo del país y constituirá el paso siguiente a su actual carácter de pista complementaria del aeropuerto central de Asunción Silvio Pettirossi. Cuando visitó nuestro país el papa Juan Pablo II (1920-2005) en 1988, ella respondió perfectamente, ya que el prelado en su misión pastoral fue al Chaco, ocasión en que el Sumo Pontífice ofició una misa en la comunidad indígena de Santa Teresita.
–Pero allí se deberían realizar fuertes inversiones para dotar de una estructura moderna y actual si se pretende que sea operable, técnica y comercialmente.
–Lo más importante de la pista aérea de Mariscal Estigarribia es su ubicación geográfica y su operatividad en todo tiempo, pero, como usted señala, sus inconveniencias radican en la falta de estructura, los complementos necesarios para su funcionamiento a gran escala. Habría que retomar esas posibilidades de convertirlo en un “aeropuerto internacional” innovado, acorde con las exigencias y los códigos internacionales. Así como está hoy, funciona tranquilamente para vuelos de cabotaje.
–Esa pista de concreto, ¿acaso está en condiciones de aguantar el clima “abrasador” del suelo chaqueño?
–En el diseño se cumplieron rigurosamente las normas técnicas correspondientes. El pavimento de hormigón resiste con alta eficacia los impactos producidos en los aterrizajes, además del peso de los aviones, que a cierta velocidad descienden y cuya inercia contiene una fuerza adicional inusitada. También las dilataciones propias del hormigón producidas por las temperaturas de 40º a 50º de calor a pleno sol que se registran normalmente en esa parte del territorio chaqueño. Todo fue previsto y calculado.
–Finalmente, mediante su experiencia de haber sido comandante de la sexta División de Infantería, asentada en Mariscal Estigarribia, ¿podría usted hilvanar alguna reflexión?
–Los ocasionales residentes del Chaco, civiles y militares, quedamos todos imbuidos de la necesidad de encontrar una solución al tremendo problema de la ausencia del agua, que inevitablemente afecta la calidad de vida de todos los habitantes de la Región Occidental. Salvado como fuere este problema, las actividades productivas emprendidas resultarán notablemente exitosas. En consecuencia, quienes de algún modo llegamos a ejercer funciones de cierta relevancia en el Chaco, no podemos dejar de buscar solución a ese inconveniente. Por eso, yo procuré encontrar técnicos especializados y empresarios creativos para definir alternativas y proyectos válidos de provisión de agua suficiente, ya sea para el uso humano o simplemente para la producción agropecuaria. Lamentablemente, como mis antecesores, también terminé declinando de mis intentos por solucionar ese tremendo dilema. No obstante, soy de los que piensan que la solución llegará en algún momento, y cuando ocurra eso, el Chaco paraguayo será la “tierra prometida” del pueblo paraguayo.
Mañana: La Geopolítica Internacional sorprende al Paraguay (nota final)
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